Vistas de página en total

FONDO EDITORIAL REVISTA OIGA

FONDO EDITORIAL REVISTA OIGA
ARTOLA ARBIZA, Antonio Maria. Ezkioga. En el 80° aniversario de la Pastoral de Mons. Mateo Múgica Urrestarazu sobre Ezkioga (07/09/ 1933), Lima, Fondo Editorial Revista Oiga (978-61-2465-76-03). 2DA. EDICIÓN

miércoles, 27 de junio de 2012

Verbos y gerundios

Palma, Ricardo

—1→

Verbos y Gerundios no es un catecismo de gramática para la escuela, sino un precioso tomito de poesías del simpático escritor peruano Ricardo Palma.

Si os complace ver siempre la cabellera desgreñada, la faz siempre pálida, los párpados siempre sombríos y las pupilas siempre húmedas de la poesía lacrimosa, no os aconsejamos leer Verbos y Gerundios.

Es esta una colección de versos ligeros como el ala de una golondrina, festivos, epigramáticos y sobre todo chispeantes de espíritu. Es un —2→ [...]1 e ideas no son de una novedad absoluta; pero, ¿qué importa la piedra de donde se ha extraído el hilo de oro? La joya será siempre la obra del artista, como la versificación y la gala poética pertenecen al poeta.

CARLOS AUGUSTO SALAVERRY.

París.

—3→ —[4]→

A CRISTINA

En 1870 formé el propósito de no publicar más tomos de versos. Te has empeñado en hacérmelo quebrantar, y, a fin de que compartas con tu esposo la expiación de tan gordo pecado, te dedico el libro.

Lima, junio de 1877.

—5→

La última copita

Ayer, entre dos luces,

casi me di de bruces

con un pobre borracho

que, sin norte ni rumbo,

daba por esas calles tumbo y tumbo,

enriada ya la dignidad a un cacho

y hecho de la moral un higo chumbo.

Perdone usted, me dijo, caballero.

¿La plazuela de Otero?

Es, señor, ese pícaro italiano,

—6→

dueño de la chingana de la esquina,

vende un aguardientito tan liviano

que es cosa más que rica y que divina.

¡Ese aguardiente sí vale la plata!

Dicen que lo adereza

mezclando motocachi con cereza.

Treinta copas bebí, no es patarata,

y tan fresco quedé como una horchata,

prueba de que no es mala mi cabeza.

Mas de yapa, al salir, por mi desdicha,

obsequiome el bachicha

un traguito, y... ¡vea usted lo que me pasa!

Que si atinar no puedo con mi casa

y estoy dando traspiés y sin levita,

es por culpa de la última copita.

¡Tal es la humanidad! Un desatino

con otros anteriores se eslabona.

—7→

¡Trueno gordo! Un gran mal nos sobrevenino

que a otros males le sirve de corona.

Y no culpamos nuestros hechos todos

sino que, como lo hacen los beodos,

lo atribuimos, con cólera infinita,

a la última copita.

—8→

Lo de siempre

Si llega a ser gobierno el rey Perico

¡ya verá usted, mi amigo, lo que es rico!

Pondrá coto al derroche

y no andarán los pícaros en coche;

no bailará el ratón dentro del queso

y libertad tendremos y progreso;

y habrá tal abundancia

en aldea y ciudad, plaza y esquina

que, como lo anhelaba un rey de Francia,

todos tomarán caldo de gallina.

No tendremos ni chinches en la cama

si cumple don Perico su programa,

y seremos, mi amigo, tan felices

que hasta al que es chato le saldrán narices.

Con tal que cumpla, cuando se halle arriba,

¡viva Perico! ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!

Tras de una cachetina

de esas de cuerda, bombo y chamusquina,

el rey Perico, al fin de la jornada,

cálzase la prebenda suspirada,

y ¡mire usted qué hallazgo!

con el otro moríamos de hartazgo,

y con este tenemos ¡voto a sanes!

el milagrito de los cinco panes.

La casa los ratones han limpiado

y ni estaca en pared nos han dejado;

nadie tiene seguro su pellejo

y adelanta el país... como el cangrejo.

-Pues, muchachos, cambiemos de bandera,

¡muera Perico! ¡Muera! ¡Muera! ¡Muera!

—10→

Ante tal batahola me amilano,

sospecho que tuvo ciencia infusa

la viejecita ruin de Siracusa

que a los dioses rogó por el tirano.

—11→

Baúl cerrado

Dicen que dices que me dijiste

no sé qué historia del corazón,

y qué ojerosa te hallas y triste

porque recelas mi indiscreción.

¡ Vaya una tonta de flor y rama!

Si yo la diese circulación

conquistarías más alta fama

que Napoleón.

Capaz me juzgas de que yo diga

que cierta noche, como a las diez...

—12→

antes me ahorquen con una liga

que yo revele tal pequeñez.

A más que nada, nada me obliga

para que, usando de avilantez,

cuente el achaque que a tu barriga

dio redondez.

Tampoco temas que luzca el cuento

de que engañabas a un tiempo a dos.

Nunca lo ajeno yo doy al viento...

de tal pecado ¡líbreme Dios!

¡Ni soy tan pillo ni soy tan bolo!

¡Baúl con llave soy! Para los

secretos... ¡Vamos!... Me pinto sólo

acá inter nos.

Antes que todo soy caballero

y no publico tu liviandad.

¡ Cuál te pusiera como un harnero

—13→

la chismografía de la ciudad!

Poner tus gracias en candelero

fuera en mí mucha temeridad,

y yo no hago eso... porque no quiero

darte, mi vida, celebridad.

—14→

La mujer

Ella de Judas no inventó el beso

que a Jesucristo sacrificó;

ni su alma al miedo prestando asilo

fue ella el apóstol que lo negó.

Lo amó en el triunfo y en el Calvario,

con entusiasmo y abnegación;

incontrastable fue su creencia,

incontrastable su corazón.

Nos encadena con su sonrisa;

perlas sus lágrimas del cielo son;

—15→

llore o sonría, cautiva el alma

con misteriosa fascinación.

Infame el hombre que la calumnia,

que sus virtudes niega ¡traidor!

Amante, esposa, madre o hermana,

quien mujer dice, nos dice: -¡amor!

—16→

La poesía

¿Es arte del demonio o brujería

esto de escribir versos? - le decía

no sé si a Calderón o Garcilazo

un mozo más sin jugo que el bagazo

enséñeme, maestro, a hacer siquiera

una oda chapucera.

-Es preciso no estar en sus cabales

para que un hombre aspire a ser poeta;

pero, en fin, es sencilla la receta.

Forme usted líneas de medida iguales

y luego en fila las coloca juntas

poniendo consonantes en las puntas.

-¿Y en el medio? -¿En el medio? ¡Ese es el cuento!

Hay que poner talento.

—17→

Confidencia

Jóvenes ambos: él, todo nobleza,

amor y abnegación.

Ella, toda hermosura y gentileza...

coquetismo y traición.

Que fue ayer me parece -y han pasado

años sobre los dos-;

ya una cana ella oculta en el peinado,

y él, que tanto la amó, se ha vuelto a Dios.

Olvidarla, en la celda solitaria,

es vano pretender,

—18→

que cuando a Dios levanta su plegaria

en ella mezcla un nombre de mujer.

Y para él, el recuerdo de la impura

vive en el corazón

como áspid venenoso, y lo tortura

y muerde como pérfido escorpión.

Y ella, con burla impía, dice en tanto

de un banquete en el loco frenesí:

-Si llega a hacer milagros ese santo,

clávenmelos a mí.

—19→

Al poeta Adolfo García

Las tus trovas falagüeñas

a doncellicas e dueñas

non son dardos;

ca non tiempos son aquestos

de los joglares apuestos

e gallardos.

En tu pénnola polida

cobra dulcedumbre e vida

la canción.

—20→

Non han tus ritmas desmedro

con las ritmas del don Pedro

Calderón.

Empero a ser meresciente

de burla malediscente

non te val,

Nin doña Virgen María

e toda la behetría

celestial.

E cata que agora se usa

ser vocinglera la musa,

non sirena.

Tiempos de barraganía

son los de ogaño -diría

Johan de Mena.

Mal maridada ¡qué mengua!

De Alonso el Sabio la lengua

majestosa,

—21→

va con palabras de allende,

e ansí ya non se compriende

muy grant cosa.

La sotil e gaya ciencia

non finca su preeminencia

principal

en la natural semblanza,

que fue de prístina usanza

poetal.

Nin cuemo antaño sesudos

son los prestes capilludos

en poridat,

que en leturas y sermones

pecan sus lucubraciones

de pobredat.

Non con frasi noblescida,

sí de la Galia venida,

el scriptor

—22→

fama adquier de imaginero,

e de home ilustre e mañero,

e sabidor.

Mi copla homilde te avisa

que scribas non de otra guisa,

por tu bien,

que cuemo se estila ogaño.

Sálvenos de cuita e daño

Dios. Amén.

—23→

Cuentecillo

En un corro de malos comediantes

uno decía a la demás canalla:

-Señores, mi caballo de batalla

es el Nerón, tragedia en asonantes.

Qué aplausos ¡voto a cribas! he alcanzado.

Vamos... ¡si aquello no es para contado!

Tanto valdrá discurro

las estrellas contar. -Y en esa pieza

(preguntó otro moviendo la cabeza);

¿Qué papel desempeñas? -El de Burro.

—24→

La gata zapatera

(Imitado de Heine)

¡Vaya! ¡Vaya, si es pícara la gata!

Más vieja que la sarna y la ronquera,

echándola de honrada y de beata

se metió zapatera.

Para correr ya medio patizamba

se dijo: -Pues salir de aquí no puedo

por causa de mis males ¡qué caramba!

no siempre me he de estar chupando el dedo.

Fue, pues, lo de poner zapatería

pura alcahuetería.

—25→

Adornó la ventana con chinelas

de terciopelo y raso;

y las jóvenes ratas, coquetuelas,

detenían el paso

hechizadas ante esas bagatelas;

mas no pasaban de la puerta el quicio

por miedo a un estropicio.

Al fin una, refieren los anales,

llamada Chepitinga la Elegante,

rata muy pizpireta y remonona,

muy echada adelante

y criada en finísimos pañales,

se aventuró a decir: -¡Hola! ¡Patrona!

Hay botas con taquito a lo Luis quince

de las de última moda?

Y contestó la gata que era lince:

-¡Pues no ha de haber, hijita!

-Las compro si no valen mucha plata,

que andan los tiempos por demás fatales,

—26→

y a mi papá, que es medio civilista,

ha meses no le pagan la revista.

-Entre la señorita,

(muy zalamera continuó la gata)

ya verá cómo el precio la acomoda.

Entre la linda niña;

por duro más o menos no habrá riña.

En mi tienda se calzan, no es embuste,

las ratas de más fuste.

Entre para probarla una botina

que usa la emperatriz de la gran China.

Chepitinga, animada, tomó asiento

y echó a lucir la pierna.

¡Qué pierna, Jesucristo! ¡Era un portento!

¡Redonda, limpia, trasparente, tierna!

De esas piernas tan pródigas de encantos

que hacen prevaricar hasta a los santos.

Trajo la zapatera un taburete

y, cogiéndola un pie, la echó grillete,

—27→

a la vez que, con pérfida destreza,

un mordisco le daba en la cabeza

diciéndola: -Hija mía,

conmigo te cayó la lotería.

Por afición al lujo te has perdido

como tanta ratita mentecata

que, por no usar zapatos con zurcido,

engatusar se dejan por la gata.

—28→

Cuentecillo

¡Fuego! ¡Incendio! La turba clamoreaba,

las campanas tañían,

la tropa de bomberos se agitaba

y los perros gruñían.

Un poeta novel y mujeriego

dijo en tal ocasión

a una chica: -Yo sé donde es el fuego.

-¿Dónde? -En mi corazón.

Y la muchacha contestó al doncel:

-Pues, hijo... ¡agua con él!

—29→

A Adriana Buendía

Perdona, si estás molesta,

mi falta de cortesía

porque dejé el otro día

tu inspiración sin respuesta.

Un mi amigo

dijera (yo no lo digo):

Dios me hizo así tan así,

tan a etiquetas contrario,

que es el social formulario

cosa inútil para mí.

¡No! No soy un hotentote

montaraz y mal criado,

—30→

ni la fama he conquistado

de tonto de capirote;

si no que

tanta mi sorpresa fue

al mirar que un serafín

se acordaba de mi nombre,

que me achispé, no te asombre,

y se me acabó el latín.

También te diré, en confianza,

que pensé escribirte en prosa;

mas contestar a una hermosa

en prosa vil no es crianza.

Y la musa

que ha tiempo que me rehúsa,

con obstinación fatal,

el favor que antes me hacía.

En mí es ya la poesía

anticonstitucional.

Y hay razón. La musa en tanto

es mujer, y el entrecejo

—31→

de quien ya va para viejo

debe de causarla espanto.

Si no fuera

así, paloma hechicera,

hoy por hoy una canción

romántica te enviaría,

en la cual te endilgaría

todo un credo cimarrón.

Hasta en tu nombre gentil

embeleso encuentra el alma,

y se acuerda de Djalma

y Adriana de Cardoville.

Mira, mira,

niña de la dulce lira,

que a ser yo aún trovador

de galantería extrema,

de sobrarme hubiera tema

para una flor y otra flor.

Pero, en fin, ¿cómo ha de ser?

Do llega tarde quien llega,

—32→

y el que con candela juega

peligro corre de arder.

Muy bonito,

Adriana, encontré tu escrito.

Hay hechizo en tu laúd,

y presiento, niña bella,

que a ser llegarás estrella

de primera magnitud.

—33→

¡¡¡Vicente Escobar!!!

De Caín la leyenda fratricida

eterna habrá de ser sobre la tierra,

y en vano la moral escarnecida

predica sin cesar: -¡Guerra a la guerra!

Dios a todos los hombres hizo hermanos,

y ellos huyen vivir en armonía,

y, sangrientos milanos,

se despedazan en contienda impía.

Y se esconde, entre duelos tan prolijos,

la luz de un porvenir consoladora,

y la patria infeliz, la patria llora

viendo caer a sus mejores hijos.

—34→

Y tú también, de juventud y vida

lleno y de abnegación y de heroísmo,

cual águila caudal del plomo herida

¡caíste del no ser en el abismo!

Generoso y leal, nada ha manchado

las hojas bellas de tu breve historia,

y en tu modesta tumba de soldado,

florecen los laureles de la gloria;

y amigos y enemigos

de tu esfuerzo testigos,

ante ella siempre inclinarán la frente

para decir: -Aquí yace un valiente.

—35→

Crónica religiosa

Hanme contado, Belén,

que ganaste el jubileo

Dios te haga una santa, amén,

y te acuerde todo el bien

que yo para mí deseo.

Supe que en la procesión

pasaron cosas no vistas

y que ibas tú, corazón,

realizando más conquistas

que César y Napoleón.

—36→

Ceñida al talle gentil,

que cubre negro sayal,

¡correa descomunal!

¡Y rosario de marfil

con misterios de coral!

¡Vestida de penitente!

¿Y no te dejaste en casa

esa sonrisa elocuente

y esa mirada que abrasa?

No lo entiendo, francamente.

¿Peinada de caballito

cierto es que ibas serafín?

¿No sabes tú que el Maldito

inventó ese peinadito

que hace al hombre hablar latín?

Dirás que esto es una homilía

propia del púlpito mismo;

—37→

pero el cristiano ascetismo,

muy poco o mal se concilia

con mundanal coquetismo.

Por eso dijo un tronera,

que en este siglo liviano,

es moneda callejera,

llevar a Dios en la mano

y al diablo en la faltriquera.

—38→

Herodías

(E. Heine)

En su mirada ardiente

reflejábase el brillo del Oriente;

tan esbelto y flexible su talle era

que envidiarlo podría la palmera;

y el beso de su labio regalado

dulce era cual la fruta del granado.

Si era ángel de almo coro

o demonio, lo ignoro,

que en cuestión de mujeres

nunca acordes están los pareceres.

¿Ni quién deslindará do la belleza

cesa del ángel y el demonio empieza?

—39→

In extremis

Éste es mi irrevocable testamento,

y dé fe su merced el escribano

yo Juan de Mata López y Sarmiento,

católico, apostólico, romano,

próximo a dar el postrimer aliento

en el santo hospital carmelitano;

lego, por bien del alma de mi hermano,

misas catorce... y por mi abuela, ciento.

Ítem: declaro no dejar ni un Cristo,

alhajas, mobiliario ni dehesas;

que en la pobreza imito a Jesucristo.

-¿Y de dónde saldrán las misas esas?

-¡Qué borrico es usted, por vida mía!

¿De dónde? De la misma sacristía.

—40→

Sedán

(De Víctor Hugo)

Es grande Lucifer en su caída.

Algo del apoteosis hay en ella.

En su inmensa catástrofe una huella

de vivísima luz puso el Señor.

¡Bonaparte cayó! Luces y nieblas

rodean su memoria soberana.

Queda la duda en la conciencia humana,

sobre el mal que hacen los que grandes son.

Cuando asciende un gigante a las alturas,

imitarlo pretende hasta el pigmeo

—41→

no alienta en un enano un Prometeo.

Quien nació chico, chico quedará.

Y Dios, para lección de los mortales, tras la epopeya la parodia trajo,

y así vimos un triste renacuajo

caer desde una altura colosal.

Era el crimen ese hombre. Era preciso

que al caer ostentase su miseria,

Histrión infame, que en infame feria

revistiera la púrpura imperial.

Y al caer entre el lodo, el mismo lodo

se avergonzó de recibir sus manes...

¡César! Asco inspiraste aún a los canes

y náusea al inmundísimo albañal.

—42→

Heroicidad

¡No bebo más! ¡No bebo! -repetía

uno a quien siempre conocí borracho;

no quiero ser más débil que un muchacho.

Alguna vez tengamos energía.

¡Nada! Aunque Cristo Padre me lo mande,

juro no tomar más, chica ni grande.

Esto diciendo, lo encontró su amigo

Juanito Papa-higo,

que es otro borrachín de tomo y lomo,

y díjole: -¡Alto ahí! ¿Qué es eso? ¡Cómo!

—43→

¡Qué! ¿No remojaremos la palabra?

Abra usted, patrón, abra,

el ventanillo y sirva prontamente

dos copas de emoliente.

Cortaremos la bilis que ella estraga

el hígado y el bazo... ¡Soy quien paga!

El otro vaciló; porque terrible

era para él la tentación aquella;

pero a la postre consiguió vencella,

y contestó con voz desapacible:

-Dispénsame... no bebo... lo he jurado.

-¡Pues anda a cazar moscas, renegado!

Y nuestro hombre siguió la calle arriba

exclamando: -¡Que viva!

¡Vaya si soy valiente!

Tengo el alma templada como acero.

No hizo lo que he hecho Napoleón primero.

—44→

¿Cómo a la tentación resistir pude?

No seré yo quien de prodigios dude

que obra la voluntad omnipotente.

¡Heroico es lo que yo hago!

Entremos donde Broggi... francamente,

tamaña heroicidad merece... un trago!

—45→

Palabras

de Netzahualt, rey de Tezcuco

La pompa mundanal se me figura

de los sauces coposos la verdura;

o el agua del arroyo enrarecida

que no vuelve al caudal que le dio vida.

Lo que fue ayer no es hoy. Sobre el mañana

nada osará afirmar la ciencia humana.

Los sepulcros, en polvo pestilente,

encierran al que ayer fue omnipotente.

Es la gloria, quimera que el hombre ama,

de otro volcar Pocatepelt la llama.

¡Nada sé! ¡Nada sé! Que el cielo esconde

la misteriosa cifra que responde

al enigma fatal, enigma sumo...

¡Todo, sobre la tierra, todo es humo!

—46→

Corazones

(De Enrique Heine)

- I -

A sus ojos y boca,

a toda su belleza juvenil,

mi fantasía loca

entusiasta rimó conceptos mil.

¡Ah! qué trova más bella,

qué soneto tan lindo y qué canción

al corazón la hiciera; pero ¡ay! ella

no tiene corazón.

—47→

- II -

¡Cuál brillaba en el baile de palacio

tu diadema, alma mía!

¡Rubí, zafiro y ópalo y topacio!

Diadema de tan rica pedrería

una reina del Asia envidiaría.

Pero de esos brillantes con que pueblas

tu faz, ninguno tiene irradiación

que a iluminar alcance las tinieblas

que hay en tu corazón.

- III -

Tú vertiste veneno

en mi alma de poeta, y mis cantares

amargos como la onda de los mares

y envenenados son.

—48→

¿Cómo pedir a mi alma

cánticos dulces, trovas inocentes,

cuando traigo escondidas mil serpientes

y a ti en el corazón?

- IV -

De tus mejillas las purpúreas rosas,

de tus manos las blancas azucenas

siempre lozanas son.

Siempre son primaveras deliciosas

tus horas dulces de ilusiones llenas...

¡y mustio sólo está tu corazón!

- V -

Tocaron las trompetas botasilla

y a escape penetraron en la villa,

luciendo cascos bien empenachados,

los hulanos azules y encarnados.

—49→

¡Qué confusión! ¡Qué gritos! ¡El estruendo

de las armas alzaba un eco horrendo!...

Al fin buscan posada... ¡Qué locura!

Conozco el corazón de una perjura

que dar puede (no miento)

posada al regimiento.

—50→

El árbol sin rival

(Cuentecillo)

-Es eucalipto, es fresno, es atrapea

ese árbol primoroso

que en su jardín se eleva tan frondoso?

¡Qué sombra! ¡Qué frescor! ¿Quién no desea

un árbol tal? -decíale a un ricacho

ayer cierto mancebo vivaracho,

y el dueño del jardín lanzó un suspiro,

contestando: -¡Ay! mi amigo, según miro,

ignora usted la historia

de ese árbol en que cree cifro mi gloria,

y que, en medio de tanta preeminencia,

—51→

por siempre ha envenenado mi existencia.

Dos veces viudo soy. Mis dos conjuntas

de tal árbol se ahorcaron en las puntas.

¡Dolor no habrá cual mi dolor tremendo!

¡Salid sin duelo, lágrimas corriendo!

Y el infeliz marido

rompió a llorar de la aflicción vencido.

En tanto el mozalbete así decía:

-Pues, hombre, es un motivo de alegría,

es síntesis de todos los placeres

tener árbol que, entre otras perfecciones,

luce la de inspirar a las mujeres

tan gratas tentaciones.

Por si me enrolo un día

de San Marcos en la archicofradía,

merecer de usted quiero un gran servicio,

que me ha de redundar en beneficio.

Poco, muy poro mi amistad reclama:

cuando lo pode usted... deme una rama.

—52→

A una beata

En tiempo de Diocleciano,

guapo emperador romano,

floreció Santa Nefija,

de la cual se habla prolija-

mente en el Año cristiano.

Y refiere de la tal

un muy docto historiador,

algo que prueba en rigor,

que ni pecado venial

es besar al pecador.

—53→

Persiguiendo el cristianismo

aquel bárbaro, a los fieles

condenaba al ostracismo,

si no hacía el barbarismo

de echarlos a sus lebreles.

Fue la santa desterrada,

y en ello fue bien librada,

que él, con feas o bonitas,

no se andaba con chiquitas

para hacer una gatada.

De llegar hubo a una ría,

y no teniendo dinero

para pagar al barquero,

le pagó... ¡quién lo diría!

con un baso bullanguero.

Sí, tras el toque de queda

comer ansiaba una hogaza.

—54→

un beso daba muy leda,

que eran sus besos moneda

bien aceptada en la plaza.

Si limosna la pedía

alguien, por amor de Dios

la santa se detenía,

y así... sin gazmoñería...

daba un beso , y hasta dos.

Y de esa santa en elogio

y ajeno a toda diatriba,

casi, casi a decir iba,

que en todo el martirologio

no la hay más caritativa.

-Pero ¿todo eso es verdad?

-Y la purísima, hija.

Si aspiras a santidad,

conmigo haz la caridad

que hacía Santa Nefija.

—55→

En un álbum

Mejor que las románticas canciones

de un vate, cuyo numen no es gran cosa,

serán ¡oh niña de la tez de rosa!

de mi afecto las francas expresiones.

Que no mueran jamás las ilusiones

en tu alma juvenil y candorosa;

que del mundo en la escena borrascosa

hagas de amor latir los corazones;

Que disfrutes de honores y fortuna;

que afanosos te busquen los placeres;

que no halles de aflicción hora importuna

y que te envidien todas las mujeres...

Y si con esto, en fin, no estás contenta,

dete Dios... la vejez de la pimienta.

—56→

¡¡¡Adolfo Valdez!!!

Fosa humilde, en región hospitalaria,

encierra al peregrino trovador:

no vibra ya de su apacible lira

el melodioso, delicado son.

No le halagó la dicha en su camino;

la adversidad su juventud gastó;

y arrastraba la cruz de su infortunio,

alegre el rostro, enfermo el corazón.

—57→

En su mente el ideal resplandecía

como en el éter resplandece el sol;

noble y leal, su espíritu valiente

siempre contra lo injusto protestó.

Y en esa lucha desigual, tremenda,

el poeta rendido al fin cayó

digno y sereno, cual caer debía

en la Roma pagana el gladiador.

No hay comentarios:

Publicar un comentario