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FONDO EDITORIAL REVISTA OIGA

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ARTOLA ARBIZA, Antonio Maria. Ezkioga. En el 80° aniversario de la Pastoral de Mons. Mateo Múgica Urrestarazu sobre Ezkioga (07/09/ 1933), Lima, Fondo Editorial Revista Oiga (978-61-2465-76-03). 2DA. EDICIÓN

domingo, 2 de octubre de 2011

MANUEL RICARDO PALMA SORIANO IN MEMORIAM

CARTA 3

Lima, marzo 4 de 1881.

(Recibida) Jauja, marzo 10 de 1881.

(Contestada) Jauja, marzo 22 de 1881

Excmo. señor don Nicolás de Piérola.

Mi respetado y antiguo amigo:

Pues se presenta oportunidad para escribirle, no quiero desperdiciarla.

Ignoro si mis anteriores han llegado a su poder, pues hasta hoy no he recibido contestación suya.

Barrunto que más que comentarios y apreciaciones, que no siem­pre sabría yo colocar en buena parte, estará usted ávido por noticias. En mis correspondencias con usted me propongo ser un cronista seco y un descarnado narrador de hechos. A usted toca poner los puntos sobre las íes.

Empiezo sin más preámbulos esta pepitoria o mesa revuelta.

PARTO DE LOS MONTES. Después de muchas idas y venidas, el grupo de farsantes que encabezaban Fuentes y Paz-Soldán se unió con el de salitreros organizado por García Calderón y Derteano (Watson). Fuentes vio que La Cotera no podía pelar la breva e hizo un cuarto de conversión, plegándose al hombre del Diccionario.

Antes de esta escaramuza y recelando que los chilenos se avi­nieran a entenderse con usted, enviaron cerca de ellos una comisión para inquirir si estarían dispuestos a negociar con el club salitrero. Los chilenos se regocijaron al saber que en Lima había hombres de fuste dispuestos a sembrar la anarquía y a aumentar con uno gordo la ya larga lista de escándalos. Prometieron mucho con la firme re­solución de cumplir poco, y los revolucionarios se echaron a hacer propaganda en favor de don Francisco. En cuanto a La Cotera se dio por deshauciado y no volvió a concurrir a junta alguna, limitándose a renegar de Químper y de La Puerta que se habían negado a en­trar en farsas carnavalescas.

Proclamado ya García Calderón por los notables sin notabilidad, vino el primer conflicto grave: la organización de ministerio. Se empezó por brindar la cartera de gobierno a Rufino Torrico; pero éste contestó que siendo alcalde de una municipalidad nombrada por us­ted no podía mancharse con una traición. Alguien le arguyó que Ma­nuel Francisco Benavides, también era consejero de estado nombrado por usted y que sin embargo no había tenido en cuenta el título pa­ra ser de los primeros en figurar en el nuevo orden de cosas, y que estaba llano a aceptar una cartera. Torrico insistió en su negativa, y tomó soleta.

En seguida se ofreció la cartera de relaciones a Ramón Ribeyro y a Alejandro Arenas. Ambos contestaron que no querían ni les convenía aproximarse mucho a la candela y que, sin buscarlo muy lejos, en casa, tenía el señor García Calderón al ministro de relaciones. Pe­ro el aludido, que era Luis Cisneros, brincó del asiento y dijo nones, pues siendo él gerente de la compañía salitrera haría feo papel al lado de su presidente por partida doble.

Don Mariano Felipe Paz-Soldán, iniciado para el ramo de justi­cia, contestó sin vacilar que aceptaba y que haría ese sacrificio más en obsequio de esta patria por la que ha hecho ya tanto y tanto que ángeles y serafines dicen santo y santo.

Se habló de ministerio de guerra y unos indicaron a Manuel Velarde y otros a Camilo Carrillo.

No se habló en esa noche de ministro de hacienda; pero se mur­muraba por lo bajo que los candidatos de don Francisco eran Bece­rril o Benavides.

Disolvióse esa noche la junta sin haber arribado a organización definitiva. Al día siguiente, García Calderón declaró que gobernaría con el gabinete que le presentase Denegri, a quien nombraba ministro de hacienda y presidente del consejo. Don Aurelio, en menos de un piquete encontró tres compañeros: Gálvez (Manuel María) para relaciones, Velarde para gobierno y Carrillo para guerra. La única cartera que le dio trabajillo fue la de justicia; pues Denegri declaró que antes que tener por compañero a Paz-Soldán, aceptaría a un penitenciado. Se le brindó el ministerio a Isaac Alzamora, quien se excusó por los mismos motivos que Arenas. Al cabo parió la burra. El doctor Vélez (don Miguel), aceptó el puesto. ¡Gracias a Dios! Ya tenemos ministerio y no ha costado flojo trajín el tenerlo. Todos nos prometíamos que el sábado, víspera de carnavales, cuanto más tarde tendríamos gobernante en casa. ¡Quiá! Surgió otro conflic­to. La Actualidad tuvo la condenada ocurrencia de estampar edito­rialmente que el gobierno del señor don Francisco era hechura exclu­sivamente chilena y que los chilenos darían palo y palo al peruano que no lo acatase y otras boberías de este jaez. García Calderón les dijo que eso no era lo convenido, y renunció la presidencia ante los veinte caballeros que componen la junta directiva del club. Estos le contestaron que no rasgase sangre por tan poco, que tuviese cachaza y que ellos se encargaban de conseguir que La Actualidad explicase sus conceptos en términos que bastaran para desvanecer escrúpulos de monja... Y en efecto, La Actualidad dio explicaciones y de ellas resultó que lo roto era peor que lo descosido. La Actualidad rema­chó el clavo, porque dijo: “Dejémonos de candideces. El papel de Chile en esta Comedia va a ser el del loquero que emplea la cami­seta de fuerza para hacer entrar en vereda a tirios y troyanos”.

Lo razonable es presumir que después de este segundo editorial insistiría don Francisco en la renuncia. Pues nada de esto. Se quedó tan fresco y se dio por satisfecho. Dos días estuvimos con el credo en la boca y encendiendo lamparitas, temerosos de que García Calde­rón hubiera tomado la cosa por lo serio. Mucho me temí que a la boca del horno se quemara el pan y nos quedáramos sin presidente.

Ahora vuelve a acometerme el mismo susto. El gobierno de Li­ma debió inaugurarse el miércoles de ceniza y hoy salimos con que nadie sabe cuándo llegará ese cuando. Los chilenos se niegan a arriar su pabellón de palacio, y aun a abandonar Lima, y dicen que si el señor García Calderón quiere ser gobierno vaya a funcionar a la pam­pa del Pino o a la Magdalena. Esto trae hoy alborotado el cotarro y, si los chilenos no amainan, dizque don Francisco está decidido a liar el petate e irse a Europa.

Lo que yo saco en limpio de todo esto es que Vergara y Altamirano no se burlan del club-salitrero y que don Francisco va a quedar­se con los crespos hechos y sin peinar. El problema quedará resuelto en tres días más.

En cuanto a las firmas que aparecen en las actas, usted sabrá aquilatar el valor de muchos de ellos. Hombres para quienes el ne­gocio es todo y la honra de la patria nada, militares que corrieron cobardemente en el campo de batalla, pícaros que en su odiosidad personal hacia usted preferirían la dominación chilena; ingratos que merecieron de usted todo género de distinciones y que ahora lo trai­cionan vilmente; tal es la mayoría de los firmantes. Hay firmas que he visto con pena y que supongo estampadas en un momento de de­bilidad o condescendencia pueril; por ejemplo, las de los marinos Vi­llavicencio y Gárezon.

SAQUEO DE LIMA.- Desde el 24 de febrero ha principiado en alta escala el de las oficinas y establecimientos públicos. Hasta esa fecha sólo nos habían despojado de las maquinarias de moneda, pól­vora, maestranza y factorías. Hace diez días que el saqueo se ha he­cho extensivo a los museos Raimondi y anatómico de la escuela de Medicina, instrumentos de la escuela de Minas, biblioteca de la uni­versidad y biblioteca pública, sin que esos caballeros que diz que van a ser gobierno hayan dado el menor paso para contener tamaño vandalaje. Los muebles de las oficinas de palacio desaparecen y los ar­chivos de relaciones exteriores y hacienda se encajonan para ser tras­portados a Chile. Últimamente han encontrado algunos de los docu­mentos relativos al vaporcito “Charrúa”. Llámame la atención que gran parte de la correspondencia particular de usted haya caído en poder de los chilenos. Supongo que por otros conductos reciba sobre este punto detalles especiales que yo omito.

ATENTADOS.- Raro es el día en que alguna de las plazuelas no sirve de teatro a un horrible espectáculo. Se azota públicamente co­mo en Chile y ¡maravíllese usted! nuestro pueblo asiste en tropel a presenciar la aplicación del látigo.

El día 19 fue aprehendido en la calle don Julio Jaimes, y al día siguiente embarcado a bordo de la O'Higgins que zarpó en el ac­to para Valparaíso. Hubo en el primer momento el propósito de azo­tar a Jaimes en la plaza de Lima, y afírmase que igual encono tienen los chilenos contra Aramburú y Neto.

A noticia de Fuentes llegó el rumor de que lo buscaban para que acompañase a Jaimes; pero el Murciélago se asiló oportunamente en una legación. De ella salió dos días después, libre de todo peligro; pues se han tomado en cuenta sus desvelos en servicio de Chile, que servir a Chile es haber trabajado con el tesón que él lo ha hecho por sembrar la anarquía entre la familia peruana.

Después de la prisión del director de correos Muñoz, se ha efec­tuado hoy la de Rafael Izcue para obligarlo a que entregue no sé qué libros o documentos de la aduana.

La ley marcial está en todo su vigor y los atentados se multiplican.

SALIDA DE TROPAS.- El 19 se embarcaron en el Callao los generales Baquedano y Sotomayor con cinco mil hombres. Dícese que estas fuerzas van a Valparaíso, pues son de los batallones de Guardia Nacional movilizada. Los suspicaces piensan que estas tro­pas irán sobre Arequipa. Yo no lo creo.

FAMILIA PRADO.- Se ha embarcado para Guayaquil, donde se­gún La Actualidad se encuentra don Mariano Ignacio.

BOLAS.- Como siempre, estupendas: parece que en Bolivia no se juega limpio con nosotros. En cuanto a la república Argentina, no desespero todavía de que asuma una actitud enérgica, si bien gran parte de su prensa se ha convertido en injuriadora nuestra. En ma­teria de Canards o embustes también nos llegan por acá muchos de Jauja y Huancayo. Quien dice que apenas lo acompañan a usted dos­cientos hombres y quien le da a usted tres mil hombres bien arma­dos y municionados. Quien que sigue usted su infatigable actividad y quien lo presenta muy desalentado. La verdad es que vivimos a oscuras (y me alegro) de lo que hace usted y piensa. Los hombres de fe no necesitamos saber lo que por allá hace usted o piensa hacer. En punto a decretos le cuelgan a usted infinitos, juiciosos unos y de­satinados otros. La bola de hoy es que convocaba usted la reunión de un congreso en Huancayo.

PRENSA.- Supongo en poder de usted los cuatro primeros núme­ros del Orden (¡vaya un orden!) diario fundado por el club de García Calderón y cuyos redactores principales son los presbíteros Gonzales La Rosa y Germán Fuentes-Chávez (!!!). ¿Qué le ha hecho usted a este bendito sacerdote que se preciaba de ser tan su amigo, para que tan cínicamente le haya volteado la espalda?

En el número 39 aparece una carta de usted a Tenaud. Soy tan amigo de usted que no quiero darle mi opinión sobre ella, limitándome a decirle que he sentido su publicación.

Si algún día llegase usted a autorizarme para ser franco diré a usted lealmente en qué fundo este mi juicio. Hoy por hoy, no quiero exponerme a que diga usted que me entrometo a dar opinión que no me ha pedido.

César Canevaro fue invitado para ministro de guerra, y rechazó con indignación. Está ya casi restablecido de su herida, y entiendo que si usted le escribe dos líneas, llamándolo es casi seguro que volará a unírsele. El está preparando su viaje a Europa para fin de mes; mas a pesar de ello creo que, si a usted le conviniere, pue­de ocuparlo.

Cierro esta epístola noticiera que continuaré en próxima oportunidad.

Excuso firmar; pues para usted no tiene esta carácter anónimo.

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